Pensando en retratar la constelación de Canis Venatici, me enfrentaba a un reto personal, poder retratar animales de una forma que pudiese transmitir cierta personalidad y carácter de estos personajes en el mito griego de Arcas y Calisto. Además tenía como objetivo retratar la maravillosa sincronía entre los humanos y los perros domésticos. Una relación entre especies que nos acompaña desde hace milenios. Por otra parte, era aterrador en pensar que podría destrozar un lienzo tan interesante como este con forma de óvalo haciendo una obra que no estuviese a la altura de mis estándares profesionales.

Empecé esta obra según mis registros el 25 de Abril, con muchas ganas de dibujar a estos galgos italianos. Estos perros que con su baja estatura y pelo corto tienen unas formas perfectas para poder representar claramente las expresiones faciales y la anatomía del cuerpo. Encontré unas referencias ideales que mostraban dos caracteres muy diferentes. Mientras uno es más "pasota", el otro es más ansioso y atento a los estímulos externos de su alrededor. Me parecieron que la elección de estas referencias le aportaban mucho carácter a la historia de la que esta constelación bebe.

Boceto preliminar trabajado en photoshop

Así pues con muchas ganas empecé a trabajar en esta obra, recopilando en videos cada uno de los pasos en aquél momento, cuando una mañana cualquiera se fue la luz. El iPad que tenía cargando en la mesa, del cual estaba escuchando música de pronto se apagó. Lo primero que hice fue dejar lo que estaba haciendo y mirar la nevera. Efectivamente, se había ido la luz. Recuerdo en aquél momento que salió mi compañera de piso con la misma idea. La luz se había ido y suponíamos que habían sido que los plomos; se habrían ido entre la lavadora, la nevera, los ordenadores, móviles, etc. No era raro que en aquel piso. Al intentar apagar y encender los plomos veíamos que no volvía así que salimos a ver si el ascensor funcionaba. Tampoco, creíamos que se había ido en todo nuestro edificio.

Sin embargo, en estas escuchamos coches pitar en la calle y decidí bajar a la calle. La frutería debajo de casa estaba cerrando, las neveras que guardaban las hortalizas no funcionaban, la caja registradora tampoco. Las señoras mayores se acercaban a cuentagotas mientras la dependienta de la tienda de frutas y yo charlábamos sobre el hecho de que la luz se había ido en los semáforos pero el tráfico parecía circular con normalidad. Buscaban poder abastecerse de pan, patatas y papel higiénico al puro estilo 2020, sin embargo, no se les podía atender porque la caja registradora no tenía corriente. La dependienta me contaba que no sabía si cerrar el establecimiento y le preocupaba que todo el material se iba a perder si no volvía la luz pronto.

En un momento, abro mi móvil y con los datos que aún funcionaban para escribir en el grupo de mis compañeros de piso: "La luz se ha ido en la calle". En estas, una compañera de piso que se había marchado a Valencia para el semestre nos contesta: "¿Allí también?". Ahí entendimos que el apagón fue a nivel nacional.

Con la poca conectividad de datos que aún me quedaba busqué en el noticiero alguna información de que alcance realmente tuvo este apagón. Se escuchaban voces de que había llegado a Francia e Italia, cosa que no era totalmente correcto, pero en aquél momento parecía ser cierto. Así pues escribí a mis amigos y familia, asegurándome de que ninguno de ellos se hubiese quedado atrapado en el ascensor o algo por el estilo.

El resto de ese día es historia, haciéndole la caja al bazar oriental de al lado de casa intentando aprovisionarnos de velas, pasando la tarde en el balcón mientras leía, charlábamos mi compañera de piso y yo, y escuchábamos la radio en busca de noticias. Veíamos a la gente sentada en el parque delante de casa tomando el sol y gente en las cafeterías tomando una cerveza al punto exacto entre tibia y recalentada.

Ese día no pude seguir con esta obra, pero retomé la obra unos días después, en concreto recuerdo esta calurosa y lluviosa noche de mayo que trabajando en este lienzo empezaron a caer rayos. Allí en ese mismo momento entendí que esta obra, en parte, es un registro histórico del apagón eléctrico que vivimos y de aquella noche tormentosa dónde Zeus había salido a caminar. Tenía que plasmarlo en esta obra. Así fue que añadí a posteriori esos rayos que cruzan a través de los ojos. Casi como si Asterión y Chara estuviesen presenciando en ese mismo instante ver a su dueño Arcas pasar por el proceso de catasterización junto a su madre.

Canis Venatici, 2025

Los días pasaban, la vida se interponía y yo miraba a este lienzo, aún a medias, preguntándome: "¿Cómo voy a ser capaz de representar todo aquello que me he propuesto y todo lo que significa para esta pequeña obra?". Por una parte había una inseguridad técnica, no era muy común en aquél entonces que yo retratase animales. Además tenía la experiencia cercana de haber tenido que rehacer la obra de Arcas desde 0 por fallos en el dibujo. Así pues tímidamente durante muchos meses trabajaba un poco pero no me sumergía en la obra totalmente. El verano pasó entre comisiones y descansar hasta que a finales de septiembre volví a encontrarme con la obra que aún seguía pululando a medio hacer en el taller, como el cuadro de la mona lisa siguiéndote con la mirada allá dónde vayas. Me llenaba el pecho un sentimiento de deber, deber acabarlo y por otra parte rechazo al ver el estado en el que estaba. Tuve que sentarme frente a este y decirme a mí mismo: "Sea lo que sea lo que vaya a pasar desde aquí hasta que esté terminada. Sé que cuento con las habilidades suficientes para hacer que esté bien". Lo apunté a mi tablero de proyectos pendientes en el estudio y le asigné prioridad urgente. Mi cabeza ya estaba pensando en las siguientes obras que quiero hacer, no podía tener esta obra tomando espacio en el caballete por mucho más tiempo.

Recuerdo que mientras trabajaba en las últimas capas de óleo, que son casi las más importantes porque son las que tienen la chicha de la imagen, el contraste, la composición, los colores, las formas,... Hubieron diferentes momentos que aquella obra me parecía más una pared desnuda con gotelé y manchas de mosquitos aplastados que una pared bien lijada, pintada en un bonito color y decorada con cuadros y molduras. Hubo muchísimos momentos dónde la necesidad de raspar toda la capa de óleo era casi imperante. Pues seguir trabajando en esos momentos solo haría que los colores se hiciesen más amarronados, no tan vívidos como yo quería. Tras pequeños descansos y dejar las capas de pintura secar, los pinceles limpios, volví a mirar la obra y reconsiderar que partes sí necesitaban ser trabajadas y que partes no. Así poco a poco la obra empezó a tomar la forma esperada.

Y es que tras 6 años de pintar constantemente, aún hay muchas áreas que no conozco al 100%, otras que desconozco completamente pero existe esa noción de que sea lo que sea que me proponga o se me pida hacer, tengo el suficiente baraje y conocimiento de los fundamentos del arte para hacer una buena obra. Sean animales, sean personas, sean flores, etc. Al final, como me suele pasar, tengo una obra de la que me siento algo orgulloso. Personalmente, soy muy fan de los perros y para mí poder retratarlos es un placer, con esta obra podría decirse que empiezo mis andadas en el mundo canino. Así como en mi vida personal conocí hace poco a mi sobrinín, llamado igual que yo, Dani. Adoro a mi sobrino canino y la verdad, tengo ganas de algún día poder formar una familia con otro perro.

En concreto esta obra es la que cierra la historia de Arcas con Calisto dentro de mi serie de Catistenias pero no puedo decir que la historia de Calisto esté terminada completamente, ya veréis más adelante a qué me refiero ;P

Esta ha sido mi historia con esta obra y la verdad, me apetece hablaros de la interpretación personal que yo le he dado al mito que acompañan estas tres obras. Déjame saber si te interesa leer estos poemas en los que estoy trabajando para estas obras. (Spoiler; se me da muy mal escribir. Aunque lo disfruto)

Un saludo cordial,

Daniel Concheso

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