Hace unas pocas semanas me encontraba en el estudio con una especie de “burn out” que en Español se traduce como desgaste profesional. Todas las ideas que tenía para futuros cuadros se me hacían cuesta arriba. Todos los conceptos para futuros cuadros eran ideas que me fascinaban y me gustaban sin embargo, había algo que no funcionaba y no sabía todavía que era.

Me propuse hacer cualquier cosa que se me pasase por la cabeza, una mezcla de referencias que tenía en mi biblioteca virtual aunque solo fuera para empezar a rodar en el estudio. A medio camino me di cuenta de lo que estaba sintiendo, esa sensación familiar que he tenido por un tiempo y sin embargo nunca le di importancia. Es una sensación similar a cuando tu jefe te dice que tienes que hacer algo de una forma concreta y mientras estás de acuerdo con el objetivo, tú ves que la forma de hacerla no es efectiva y te cuesta además asumirla como propia.

Me di cuenta de que el proceso de creación artística que yo estaba tomando no era el más adecuado para mí. Rondaban en mi cabeza nociones como la expresividad, la libertad y conceptos abstractos que no acababan de encajar en la forma que estaba haciendo mi arte.

Viendo además los resultados de mis obras que se juzgaban en otros parámetros: Si es lo suficiente realista o no para quien fuera que lo estuviese viendo. Lo cual es un melón para otro día si os apetece.

Nunca me interesó ser realista y mucho menos hiperrealista. Para mí, la figuración simplemente es la forma en la que mi cabeza piensa y el tipo de arte que más me gusta ver y consumir. Sin embargo, no es el tipo de arte que más disfruto hacer.

La productividad

Un antecedente que sin querer, empezaron Picasso y Matisse es el de la hiper-productividad en el campo del arte. Ellos a lo largo de su vida produjeron muchísima obra. Luego les siguieron Warhol con el uso de la serigrafía artística y más adelante Jeff Koons con su taller estilo Leonardo Da Vinci dónde él tiene la idea y un ejercito de artistas llevan a cabo la obra que luego él firma.

El hecho de que un artista produzca mucha obra es la razón por la que acaba, inevitablemente mejorando en su arte. Y para poder crear mucha obra y ser mejor en esta requiere que disfrutes el proceso.

Yo me di cuenta de que no estaba disfrutando del proceso tanto como del resultado y por eso tardaba muchísimo en crear obras. Por ende algo tenía que cambiar.

Cecily Brown

Cecily Brown en su estudio, 2001, fotografiado por Dave Howells para la Galería Gogasian

Cecily Brown es una artista inglesa de la generación de los Young Brittish Artists (1980-1990), como Damien Hirst, sin embargo, ella no se encontraba en esta generación de artistas a nivel intelectual. Ella estaba a caballo entre la figuración y la abstracción, resultando en obras expresionistas.

El hecho de que a día de hoy sea una de las artistas vivas más valoradas tiene que ver con la suerte de que nada más y nada menos Charles Saatchi comprase una de sus primeras obras. Siendo él, el fundador de una de las galerías internacionales más famosas de Nueva York con relevancia mundial.

Sin embargo, al estudiar su obra en más profundidad y cómo trabaja en su estudio. ella dibuja muchísimo y dibuja muy bien pero entiende una separación entre dibujo y pintura muy clara. En su pintura, es capaz de esconder todo lo que realmente quiere decir y además sin miedo a ningún tipo de censura. Permitiéndole tocar temas que para ella son importantes.

Hay algo de la forma en la que trabaja y entiende la pintura Cecily que me gusta. Aunque, siendo honestos, es muy probable que no comprase casi ninguna obra de ella incluso si me lo pudiese permitir económicamente. Entonces me encontraba estudiando diferentes artistas cuyas obras me gusta y las compraría pero que al imitar esa forma de trabajar, no me encontraba a gusto. Y sin embargo, en las obras que yo tal vez no hubiese comprado resulta que sí disfruto el proceso.

Tras estar media mañana en el estudio quemado por la forma en la que llevo trabajando años y mirando a los cuadros que he terminado que eran literalmente 4 llegué a la conclusión que esto a mí no me está funcionando. Tengo obras que me gustan mucho y me las pondría en mi salón, pero no las disfruté al crear ni son efectivas para lo que yo quiero explorar.

La charla

Hablando con una amiga le comenté muy superficialmente que me encontraba algo atascado. Mi amiga que aunque no se dedica a las artes visuales, me dijo con el mayor tacto posible: “Solo es poner el lienzo en el suelo y tirar pintura sobre este”.

En este momento me reí de lo incómodo que fue abrirme a ella sobre mis intereses y problemas y recibir la respuesta más absurda que jamás hubiese esperado de nadie. Pensando poco después que no tenía razón alguna, que podría haberme ofendido y crear una lista entera de todas las razones por las que esta generalización no es cierta. Sin embargo en esa inocencia había algo de verdad que aún aplica al arte profesional que es la experimentación.

Experimentación y búsqueda de un proceso apto

Así fue como me puse a crear, evitando casi cualquier tipo de figuración. Cogí una paleta de colores que quería explorar del libro “La paleta perfecta” de Lauren Wager y simplemente empecé a trabajar una abstracción.

En una sesión acabé dos obras y veía que quería hacer más. Preparé otro lienzo del mismo tamaño y siguiendo la línea. La siguiente sesión hice este lienzo y preparé otros dos lienzos. La siguiente sesión hice uno grande y la siguiente sesión hice estos dos restantes.

En un plazo de 3 días trabajando en sesiones de 2 a 4h había hecho un total de 6 obras con esa misma paleta dónde me estaba enfocando en el proceso creativo. Resulta que estaba disfrutando muchísimo de la propia experimentación de los materiales que utilizo. De ver la forma en la que el pincel creaba diferentes formas dependiendo de cómo lo utilizase y en muy pocos momentos me preocupaba cómo iba a quedar, que decía o cuál sería el resultado. En cada obra de las que hice había experimentación y había diferentes aspectos que me gustaban. Estaba disfrutando de crear por crear y viendo cómo lo que yo sentía en ese momento de mi vida se transmitía en estas pinturas.

Creo que en los 6 años que llevo pintando pocas veces me he sentido así de tranquilo y en paz. Es una libertad y expresión creativa que estaba echando de menos. Dónde aspectos personales y abstractos tomaban forma sin ser pre-juzgados. Sin ser, además, moldeados de ante-mano para tomar cierta apariencia comprensible para el lector.

Ahí me di cuenta de que utilicé la figuración porque es lo que me han enseñado, es cómo veo el mundo, porque es el tipo de obras que sí compro para mi. Pero no me estaba sirviendo para lo que yo buscaba: esa libertad y expresividad que tanto necesito en el fondo de mi alma.

Con cariño,

Daniel

Este ha sido mi último descubrimiento con respecto a mi proceso creativo y mi carrera como artista. Te dejo el enlace aquí para que veas estas últimas obras en mi página web:

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